
Formada en ballet clásico, la artista conceptual cubana Glenda León crea videos, instalaciones, intervenciones públicas y fotografías que examinan la relación entre lo artificial y lo natural, y que a menudo ponen de relieve el desatino de la manera humana de medir el tiempo. Como ha dicho León, “se necesita toda una vida para crear una obra de arte”. Su pieza Tiempo perdido consiste en una montaña de arena que ha engullido un reloj de arena, y en el verano de 2004 la artista pegó hojas verdes falsas a las ramas de los árboles de un parque público para su obra Esperanza (fuera de temporada). Cuando cambiaron las estaciones, las hojas de alrededor se tornaron pardas y cayeron al suelo, y solo entonces quedaron al descubierto sus contrapartes artificiales.


